Esta historia, incluida en la colección de relatos de Follow Your Own Star es un homenaje a la pasión.

El museo De Young dedicaba una amplia retrospectiva a Rudolf Nureyev, el bailarín, coreógrafo y director ruso que murió prematuramente en París el mismo día que Melchor, Gaspar y Baltasar llenaban los hogares de carbón y otras sorpresas.

Jim Kohn, guía de la exposición, vestía mirada elegante a juego con sus sesenta y largos años. Mientras avanzábamos por aquellas vitrinas de lujo, Nureyev y el terciopelo bailaban al son de sus anécdotas sobre Romeo, Julieta, Margarita, Armando y otros dramas épicos.

Cuando el reloj marcó la hora, Jim se despidió con un aplauso del grupo.

Era momento de acercarse y preguntar:

-Disculpe, quería felicitarle por la visita, muestra Usted una gran pasión como guía. ¿Hace mucho que trabaja en el museo? .

-En realidad soy profesor universitario, esto es sólo un hobbie.

Diez minutos más tarde, el ofrecimiento a un café se hacía realidad en la terraza soleada de De Young Museum, donde Jim se presentaba oficialmente como profesor universitario de Inglés como lengua extranjera. A las puertas de su jubilación, Jim había reunido más cuarenta años de enseñanza, un año de vida en China y mucho mundo de la mano de su mujer.

Lo del Museo era nada, una pequeña fuente de ingresos, sobre todo ahora que empezaba una nueva etapa. En cualquier caso, a Jim le encantaba enseñar.

Viajamos atrás en el tiempo, hasta 1965.

Estados Unidos se batía en guerra contra Vietnam, Jim se batía en guerra contra la vida adulta, y sus padres se resistían a la idea de que su hijo se fuera a viajar por Europa.

La danza del desacuerdo quedó resuelta meses más tarde, mediante una carta muy sencilla y paternal: Opción A: alistarse en el ejército. Opción B: matricularse en la universidad. Al plan C de seguir paseando por Europa con sus amigos no le dedicaban ni un minuet.

Jim renunció a Europa, descartó Vietnam y eligió matricularse en Escritura Creativa, pero una confusión de listas llevo a Jim a verse matriculado en el primer semestre de Inglés como Lengua Extranjera.

El día que tuvo su primera práctica frente a una clase, el profesor supo que enseñar era su vocación:

-Descubrí que se me daba bien comunicar, que sentía pasión por ser un intermediario entre el contenido y los estudiantes: quería convertirme en un facilitador del conocimiento.

Y añadió:

-Desde entonces, al inicio de mis clases, suelo preguntar a mis alumnos cuál es su pasión, porque si logro que descubran qué es lo que realmente les interesa, estarán más cerca de poder conseguirlo.

Le pregunté a Jim cómo podía descubrir cuál era mi verdadera pasión:

-Sentirás que no es arriesgado, aunque a otros se lo parezca. Sentirás que estás dispuesta a jugártela, y ésa será una forma de averiguarlo.

Luego Jim me explicó la diferencia entre el talento y la verdadera pasión:

-Si tu pasión por una determinada actividad desaparece, es que esa pasión no era lo suficientemente fuerte. Pero si se te va la vida en ello, entonces puede que transformes tu profesión en un estilo de vida.