En Enero de 2012 tuve que volar de Alicante a Pamplona todos los domingos para impartir mis clases en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Para evitar el aburrimiento propio de los aeropuertos me inventé un experimento al que llamé “Todas las palabras bonitas”.

Bajo la premisa “Si las palabras feas pueden hacernos daño, ¿por qué no aspirar a que las palabras bonitas hagan del mundo un lugar mejor?” el procedimiento era sencillo: antes de despegar, le contaba al viajero de al lado mi experimento. Luego le enseñaba la libreta y le invitaba a escribir en ella sus palabras bonitas.Al margen de cada página fui anotando la fecha y el número de vuelo. Curiosamente, nadie se negó a participar. Entre las palabras: “lapislázuli, bombón, suave, acariciar, iris, guau, mejunje, beluga, libélula, amor, anís, bucear, cariñosa, bonita, pinacoteca, beso” y otras más. De todas las historias, “Somos Novios” es mi favorita.